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En Torreblanca vivimos un BEGOL especial.

Todos estamos alegres, alumnas, profesoras, padres de familia y muchas personas de todos lados, porque en medio de tanto caos y malas noticias que hay en el mundo, podamos presenciar un acontecimiento tal como la Beatificación de Guadalupe Ortiz de Landazuri.

No sólo da testimonio de una misión enorme, que es convertirse en santa a través de su trabajo ordinario, si no que también nos enseña los pequeños y alcanzables que son los pasos a seguir, para quien se lo proponga realmente.

Una mujer inteligente, con pasión por las ciencias, con amor a Dios, con ilusión por aprender y grandes ambiciones por transmitir lo mejor de su vida, que dejo su país natal para conquistar nuevas tierras y ayudar al prójimo, una mujer ejemplar en cuanto a actitud de servicio se refiere.

No basto con la ceremonia y misa para oficiada en su beatificación para reconocer su trabajo, miles de escuelas y centros de formación pusimos manos a la obra para compartir un poquito de su vida y mensaje.

En Torreblanca, la manera de vivirlo fue con un museo interactivo. Conocimos su ciencia y su doctrina, su tesis doctoral, su paso por la vida y lo más importante, su corazón.

La mayor sorpresa, fue conocer la reflexión que las alumnas, que asistieron a este museo, hicieron que nuestra piel se pusiera chinita al conocer ahora, lo que Guadalupe sembró en sus corazones.